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11/30/2009

LA NAVIDAD, UNA EPOCA PARA SEMBRAR ILUSIONES


Vale más un abrazo sincero que un regalo por compromiso


Ha llegado el Adviento. Una temporada muy especial en la cual los católicos del mundo nos preparamos para celebrar con alegría la llegada, el nacimiento de nuestro Redentor. Es una renovación anual que debemos realizar con un compromiso sincero, sin vicios ni temores.

En la navidad muchas cosas deben suceder como símbolos de renovación espiritual no solo con Dios sino con nuestros semejantes. Es en esta época donde la pobreza del pesebre nos debe sacar de nuestros encantos materiales para reflexionar por qué el Hijo de Dios nació en la física miseria, pero con un amor absoluto y pleno entre sus padres, su familia. Si bien la cultura nos envuelve en tradiciones hermosas como las novenas de aguinaldo, las fiestas y celebraciones, no podemos seguir confundiendo la navidad con un mes comercial donde la frialdad material y el compromiso de dar superan la esencia misma de compartir un abrazo, una oración y una cena en familia, con los buenos amigos. Diciembre se ha convertido en un mes agobiante, alejado de su verdadera esencia, donde la angustia se apodera de todos cuando el presupuesto no alcanza para satisfacer los variados caprichos y antojos que ofrece el comercio.

Es este fenómeno de compra el que poco a poco le ha dado una trascendencia enorme a Santa Claus como aliado perfecto del comercio mundial en navidad. La figura del viejito panzón, risueño y bonachón se hace cada vez más fuerte para los chicos como un aliado perfecto en sus pretensiones o solicitudes de regalos. Es cierto que San Nicolás de Bari, como se le debe conocer en castellano, tiene una historia muy bonita y ejemplar, especialmente porque su amor al prójimo lo basó en las enseñanzas de Jesús. Su enorme fortuna, porque nació en una familia acaudalada, siempre la utilizó para hacer el bien a los demás. Les daba regalos a los niños, comida a los pobres, siendo un hombre ejemplar y de servicio total en toda la extensión de la palabra. Renunció a lo material para dedicarse a dar cariño, amor y ternura. Por eso trascendió.

Sin embargo, pese a ser un gran hombre, la imagen de Papa Noel es hoy símbolo de regalos y nada más. La relación incesante que mantuvo con las necesidades de los más desprotegidos, así como la marcada tentación que mostró por compartir, tal vez pocos la recuerdan. Ahora bien, pese a todo, al final existe una unión notable entre el pesebre y la figura del querido Noel, que hoy por hoy debe prevalecer. En el pesebre nace la mayor esperanza de vida de la humanidad, Cristo Jesús, mientras que Noel se inspira en la imagen y enseñazas del Hijo de Dios, así como su absoluta pobreza para combatirla. La humildad en la que nació el niño Jesús inspiró a que Claus se diera por completo a brindar una sonrisa a los niños más desprotegidos. Niños que todavía existen y que son una realidad visible como consecuencia de nuestros desaciertos sociales.

En Ibero América, por ejemplo, muchos niños esperan la llegada del Niño Dios, otros de los Reyes Magos o tal vez a Papa Noel, pero todos ellos con la ilusión de un regalo que alegre sus vidas, sus esperanzas infantiles. Lo realmente triste es que mientras nos preocupamos más por dar todo lo que nuestros hijos desean, nos olvidamos que sea cual sea la figura que adoptemos para satisfacer sus ilusiones, deberíamos dejar un lugar para también cumplirle los deseos a los chiquillos más desafortunados. Es hora ya de que renunciemos al egoísmo y a la trampa comercial en la que se ha convertido la navidad, para darle paso a su verdadera esencia. Es hora de que cantemos con alegría, con fe. Que enseñemos a nuestros hijos el verdadero valor espiritual del nacimiento de Jesús; que les contemos un poco mas de lo que hacía Noel o el por qué los Reyes Magos llegaron a adorar a Jesús. Si bien es claro que esta es una temporada para los niños, aprovechémosla también para afianzar nuestras relaciones familiares. Un regalo no puede ser un compromiso de temporada entre los buenos amigos. La amistad y los valores están por encima de lo que el dinero pueda comprar. Ilusionemos más bien a un niño que hoy no tenga ilusión. Que sea un compromiso.

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