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2/11/2010

RECIBAMOS A JESUS CON AMOR




Todo sucedió antes de salir para la iglesia. Mientras leía un artículo en el internet, me encontré con una afirmación que me llamó poderosamente la atención: “el católico no puede comulgar más de tres veces en un mismo día”, rezaba en uno de los apartes la nota. Como el tiempo apremiaba, no pude indagar al respecto pero pensé que sería bueno consultarle a nuestro sacerdote para aclarar cualquier duda.

Mientras compartíamos en el salón comunal de nuestra parroquia, aproveché un instante mientras el padre se acercó y le consulté:
-¿Padre, cuántas veces podemos comulgar en un solo día? ¿Cuántos crees tu?, respondió. Bueno, la verdad es que leí en un artículo que no más de tres veces y me ha generado cierta confusión porque no es la información que manejo. Mis compañeros de mesa apenas si lo podían creer, lo cual me alegró mucho.

-¡Muchacho! –exclamó con particular gesto- ¿Y tu qué crees?
-La verdad es que no me acuerdo padre, pero sí por mí fuera no habría límites para revalidar mi relación con el Señor.
-La verdad es -apuntó nuestro sacerdote- que no por comulgar todo el día se ganan indulgencias. La importancia de la comunión es estar en perfecto estado de Gracia con Dios en el momento de aceptar su santo cuerpo y su preciosísima sangre. Por eso el participar de la Eucaristía una sola vez, pero de corazón, con un arrepentimiento sincero, es más importante que estar escuchando misa todo el día.

Sintiéndome muy agradecido por la ilustración del padre, decidí consultar un poco más y compartir esta información con los miembros de la comunidad, así parezca sencilla o trivial. La verdad es que solo con una persona que reafirme su conocimiento, o lo enriquezca, el propósito de esta nota está cumplido.

La norma de la Iglesia es la siguiente: "Quien haya recibido la Sagrada Comunión puede recibirla de nuevo el mismo día solamente dentro de la Celebración Eucarística en la que participe" (Canon 917).

Quien comulga por la mañana en una Misa y más tarde asiste a otra (boda, funeral... o simplemente por devoción, como también me lo explicó el padre) puede volver a comulgar una segunda vez. Lo que no es correcto es asistir por devoción a varias Misas y comulgar en todas ellas. Se trata de comulgar con fe una sola vez que comulgar varias por rutina”.

Ahora bien, me parece importante que refresquemos lo siguiente:
“Existen dos maneras de recibir la sagrada Comunión. Puede ser en la boca o en la mano. Con respecto a la primera podemos decir que la misma es una costumbre introducida en la Iglesia hacia el siglo X. Hasta entonces se usaba recibir la Comunión en la mano. Se pensó que recibirla en la boca ponía más de relieve el respeto al Cuerpo de Cristo. La costumbre se hizo ley, y esa ley llegó hasta nuestros días.

Comulgar en la boca sigue siendo un modo digno de hacerlo, pero ni es el único, ni es obligatorio. Se puede hacer con la mano.
La Comunión en la mano, para complementar, se autorizó en 1976 después que la Conferencia Episcopal Española, elevara una petición a la Congregación para el Culto Divino ante el poder concedido por esta misma entidad en 1969.
La Congregación otorgó dicha autorización el 12 de febrero de 1976 con esta respuesta: "Concedemos a España la práctica de poner el Pan consagrado en la mano de los fieles conforme a las normas de la Instrucción - Modo de administrar la Santa Comunión.

“Comulgar con la mano es, pues, perfectamente lícito. No se trata de una acción meramente práctica; es un gesto litúrgico, expresivo de la disposición del alma. Expresa una actitud de humildad, de pobreza, de espera y de acogida. Ante Dios, es la postura de quien pide y recibe confiadamente el Don mayor que podemos recibir por el ministerio de la Iglesia.

La mano izquierda se sitúa sobre la derecha. Cuando el sacerdote o ministro nos presenta la Hostia nos dice: "El Cuerpo de Cristo". Debemos contestar "AMÉN". La Hostia consagrada es depositada en la mano izquierda. La tomaremos con la mano derecha y la llevaremos a la boca con devoción. El Cuerpo de Cristo se toma en presencia del sacerdote o ministro; es decir “tómale donde le recibes y retírate después”.

Ambas manos, limpias en señal de la pureza del corazón, deben ser signo de respeto y acogida, un "altar personal" que formamos para el Señor que se nos da en alimento para la vida eterna. Amen.

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