
Mejorar la actitud y corregir nuestros errores personales, con un compromiso sincero, puede causar un gran impacto en nuestras vidas.
Un año mas que acaba, nuevas ilusiones que florecen. Así podríamos titular la partida del 2009 y la llegada del 2010. Por eso, como ocurre habitualmente por esta temporada, las promesas van y vienen de manera alegre y hasta cantinflesca. No fumar, perder peso, hacer ejercicio, reducir el consumo de alcohol, por citar unos pocos, son algunos de los compromisos que se adquieren con una gran “fe y disposición” cuando se cierra un ciclo y se abre uno nuevo. Sin embargo, al rematar el año no deberíamos hacer repetidas promesas sino evaluar, con sinceridad, qué cumplimos de lo ya ofrecido sin contar los nuevos errores en los que hemos incurrido atrapados en aquellas inagotables excusas que brotan cuando las metas y propósitos no se alcanza o ni siquiera se procuran.
Por eso no es de extrañarnos que al inicio del 2010 estemos fumando más porque “el 2009 fue un año muy difícil”. No nos puede sorprender que la balanza ya no resista una libra más porque la ansiedad nos “obligó” a comer de manera “exagerada”; y no pudimos hacer ningún tipo de ejercicio porque el tiempo “no alcanzaba”, mientras que el consumo etílico se acrecentó pues había que buscar alguna manera de escapar a “tantos y tantos problemas”. De ahí en adelante habría que escribir un libro aparte de excusas (algunas de ellas tan cómicas como inauditas) que somos capaces de crear para explicar y excusar esa cantidad de compromisos rotos e intentos fallidos.
Si bien los sicólogos, sociólogos pueden tener una explicación “lógica” a esta tendencia del ser humano de eludir sus debilidades, como personas frágiles deberíamos empezar por admitir que el “éxito” de prometer depende de corregir nuestra forma de ser. Una persona mal humorada, depresiva, temperamental, tímida, floja, perezosa etc., es difícil, por no decir que imposible, verla llegar a una meta trazada. Es por allí, alejados de las “respuestas” científicas e intelectuales, que deberíamos comenzar un verdadero proceso de cambio.
Aceptar quiénes somos y en qué fallamos, marca el inicio de una renovación que apunta a la plenitud, entendiendo que “el yo soy así y eso nadie lo cambia” es la típica respuesta en la que camuflamos nuestros errores. Si en vez de prometer lo mismo de siempre y fracasar, como tantas veces ocurre, deberíamos comprometernos (ojo al término) a mejorar como seres humanos.
Si poco a poco empezamos a enriquecer nuestra vida espiritual, a entender y aceptar que la manera cómo reaccionamos a distintas circunstancias y cómo interactuamos con las demás personas, son pilares fundamentales de nuestra repetida política de conflictos que a diario enfrentamos, pudiéramos empezar a marcar un giro lento pero seguro en contra de nuestras imperfecciones. Por eso lo importante no es comprometernos con un ideal, sino preparar los recursos (en este caso de actitud y comportamiento), para conquistarlos.
Si en el 2010 aprendemos a ser mas tolerantes, a tomar los problemas como lo que son, situaciones reales que necesitan una solución, y de paso mejoramos la actitud para asumirlos y enfrentarlos, apoyados en una fe absoluta de que tenemos el potencial para traspasar fronteras y recuperar ideales o batallas perdidas, entonces cualquier promesa dejará de ser eso, una promesa, para convertirse en logros de crecimiento y superación personal, en procura de un mejor vivir propio y alrededor de quienes comparten nuestros espacios.
La pregunta, para terminar, no será cuál es su meta para los próximos 365 días que se avecinan, sino de qué manera piensa corregir su actitud para consumar lo que quiere. Felicidades y que ojalá los fracasos de 2009 sirvan de estímulo para mirar de frente y con decisión, siempre acompañados de la mano de Dios. Felicidades.
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